Ya es Septiembre, y como la gente de las playas, regresamos aburridos y cansados, sobre todo por ver como pasa el tiempo y todo sigue igual, con la misma apatía y la misma agonía de ver como nuestra ciudad, nuestra querida ciudad, sigue estancada y atrasada en el tiempo.
Es Septiembre, y tenemos de nuevo nuestras más importantes fiestas, los Cartaginenes y Romanos, fiestas históricas por antonomasia y de las cuales podríamos sentirnos muy orgullosos, sino fuera por pequeños detalles que hacen que lleguen a ser unas fiestas infumables y barriobajeras.
Lo primero que nos encontramos es con que son unas fiestas “privadas” digamos. Está claro que el campamento está abierto para todos y que en todas o en casi todas las casetas se puede consumir sin ningún tipo de problema. Pero el punto discordante viene en la vestimenta. Me sabe mal esto, pero voy a compararlas con las fiestas del Bando de Murcia, porque en ellas cualquier persona se viste de panocho y se va de fiesta, pero aquí, si me visto yo de romano la gente me mirará mal porque no soy de ninguna tropa.
Caso aparte está en la poca gana de sacar la fiesta de la jaula donde la meten. Quitando los actos oficiales como la batalla o la boda, tu paseas por la ciudad y no sabes que estamos en fiestas, no hay ningún tipo de ambiente, de jolgorio, de actos, de casetas, de nada. Como mucho verás a algún romano perdido, cosa que me parece muy triste, porque estás fiestas deberían de estar en la calle, para todos los cartageneros y los turistas que vengan, casetas con michirones en las Puertas de Murcia, juglares tocando en la Plaza del Ayuntamiento, una guagua tirada por 80 elefantes, yo que sé, pero algo que haga que esa semana que duran las fiestas la gente salga a la calle y las disfrute.
Y para disfrutar, como no, tenemos como todos los años el tema del botelleo.
Yo no estoy ni a favor ni en contra de los botelleos, los he hecho como todo joven, y los he recogido como muy pocos hacen, pero la cuestión tiene más transfondo. Citábamos antes el Bando de la Huerta murciano, vamos a recordarlo porque seguro que todos sabemos como son esas fiestas, con miles de personas haciendo botelleo por las calles murcianas. Y moleste a quien moleste, se siguen haciendo, y mira que dejarán ordas de mierda, pero se seguirán haciendo porque Murcia se llena de gente, gente que se mea en sus calles y que folla en los rincones sí, pero está llena y la gente vive las fiestas, sus fiestas, con todo el mundo.
En cambio aquí, tras perseguir a los chavales como si de delincuentes fueran por beber en el margen de la rambla, decidieron montar, o inventarse quizá esté mejor dicho, una “Zona Joven” que dicen llamar al descampao cochambroso donde permiten a los chavales tomarse la cantidad ingente de copas que consideren necesario. En todas las fiestas importantes de las que tengo constancia, la muchachada bebe en las calles, pero en otros sitios se adecuan estos lugares de concentración para tal fin, con contenedores, baños, policia, iluminación. Aquí, bueno, es el primer paso, ponen el sitio y una guirnalda de luces para que los borrachos no se pierdan luego y puedan llegar al campamento y consumir alegremente los últimos cubatas de garrafón a 5 euretes.
Una cosa digo, marginando a los borrachos de la “buena” imagen que quieran dar con sus fiestas no se soluciona el tema del botelleo. Como dice el querido vonlapiedra: “A lo mejor se piensan que la gente no va a hacer botelleo. Están locos estos romanos”


En la mayoría de lugares, incluso conozco alguno que lo hace hasta en Semana Santa, es habitual lo que decís. Sin embargo en Cartagena nos gusta mucho sacar barriga, presumir, parece más que nadie y para eso estas fiestas cercanas son lo mejor que muchos pueden permitirse, aunque tengan que empufarse para ello.
Coincido con vosotros en que deberían de dejar que cualquiera se vista de carthaginés o romano. No creo que esté prohibido pero en el campamento no sé cómo estaría de visto. Esto quizás le quitaría la razón de ser a la gente que se inscribe en tropas y legiones sólo por vestirse de la época, pero sin duda le daría a las fiestas un punto de integración en la población y por supuesto fama. Apuesto a que hay pocos lugares en España donde haya una fiesta en la que toda la población e invitados puedan vestirse para conmemorar una parte de su larga historia. El Ayuntamiento es uno de los grandes responsables de ello y habría que cuidar de que a nuestra fauna autóctona no le dé por llevar espadas de verdad, pero poco más.
Un saludo.
Estoy en líneas generales de acuerdo con este artículo, pero hay un punto en especial en el que estoy muy de acuerdo: la “privacidad” de las fiestas. Comparabas con el bando de la huerta en Murcia, pero es una fiesta que desconozco. Pero te hablaré de otro ejemplo.
Yo recientemente he vivido las fiestas de Moros y Cristianos de Elda y allí todo el mundo: niños, niñas, jóvenes, jóvenas, adultos, abuelos, perros y gatos salen a la calle vestidos de lo que más le gusta: moro, zíngaros, cristianos, contrabandistas… Mi novia es de allí y era la primera vez que yo iba por las fiestas, y me dijo que tenía que vestirme de moro. Le dije que no, que me resultaba raro, a lo que me contestó: si no te vistes el raro vas a ser tú. Y oye, mi pantalón de moro que me puse y la mar de a gusto que iba. Un ambiente genial por las calles de la ciudad, todo el mundo vestido (si no entero, al menos con algún detalle identificable), etcétera.
Aquí en Cartagena es lo que dices: o te metes en alguna tropa o legión (si puedes, porque me parece que no es barato y has de tener contactos), o te quedas con las ganas de ponerte un casco con cepillo.
Me gusta mucho la historia de mi ciudad, me gustan los espectáculos de Cartagineses y Romanos, pero sí, en muchos sentidos, las fiestas son muy tristes y cerradas a unos pocos privilegiados.